Maestros del cuento 2: Julio Cortázar

Tiempo de Lectura: 3 Minutos

Por: Ryan Bladimir Santos


En primer lugar (si es que acaso existe), quiero presentarles mi más cordial bienvenida a todo el lector que ha utilizado la tecnología para el bien: leer y propalar su conocimiento. Hoy estoy feliz, lo bastante como para empezar a escribir un artículo. Si queréis sabéis los motivos, lea el título. Hoy daré continuidad a esta saga que apenas aborda, con este, el segundo maestro del cuento, por albur mi cuentista favorito. Así que, busque un poco de agua fría del congelador, siente su cuerpo en su mueble más placentero, y venga a leer en voz alta conmigo…

Mucho es lo que se ha comentado del escritor argentino. A decir verdad las palabras sobran, mucho más los motivos. Sería indudable, casi un pecado penalizado en la hoguera, decir que Cortázar no es un verdadero maestro del cuento; (merecedor, al igual que Borges, del Nobel de literatura). Sus obras están ahí, forjaron por sí solas el camino de la eternidad en las letras universales. A continuación, unas palabras que le dedica el también gran escritor, —en este caso peruano—, Mario Vargas Llosa sobre los textos de Julio. Si el editor no azara mucho con las correcciones, creo que dice más o menos así:

“En los libros de Cortázar juega el autor, juega el narrador, juegan los personajes y juega el lector, obligado a ello por las endiabladas trampas que lo acechan a la vuelta de la página menos pensada”.

La narrativa de Julio Cortázar es diversa, hercúlea. Sus historias están unidas al mismo cordón umbilical: la fantasía, el realismo mágico. En lo que canta un gallo (es un término regional utilizado para expresar rapidez, pues los gallos no tardan gran lapso de tiempo entre un canto y otro); la pluma del maestro del cuento nos encauza en todo un cosmos ficticio, plagado de irrealidades. Dichos cuentos, a excepción de unos tantos, parten de la cotidianidad, de nuestro diario vivir. Mientras avanzamos en la lectura de alguno que otro hecho tan naturalmente mundano, esa realidad va tomando vida propia, se transmuta en sucesiones, no nos percatamos del más mínimo detalle… De aquellos bestiales embrollos, sólo nos sacia el final, que casi nunca se prevé. Los personajes en la narrativa de Cortázar son tiernos, amigables, llenos de conocimientos; de vida propia, de caricias, de humor de negro. Por su parte, he de considerar que lo más formidable dentro del mundo “Cortaziano”, —y que me perdonen los autoproclamados dioses críticos en la materia—, son sus discursos; la manera de ensancharse entre un tema y el otro. Es por ello que, además de un gran cuentista, el argentino es también un intelectual, todo un genio.

Dentro de los garabatos que se dispersan en mi agenda, creyendo ejercer un ejercicio de criticidad, he desarrollado un método personal para nombrar la narrativa de Julio Cortázar. Se los quiero compartir. Sólo ustedes y yo lo sabremos. ¡Que no pase de aquí! ¡No sean indóciles y compartan esto! He llegado a percatarme, de que sus cuentos son de una estructura triangular, y estructura cuadrada. La primera —si eres un lector con dejadez vuelva y lea—, se produce cuando su cuento parte de la realidad (tachamos una línea), se transforma (tachamos una línea), y finalmente nos conduce a la realidad de donde partió la historia; aunque con algunos vestigios de la mutación (trazo otra línea). Ejemplos claros de la estructura triangular, serían sus cuentos: “Los Axolotl”, “Bruja”, “Profunda siesta de Remi “, “Mudanza”, “Los limpiadores de estrellas”, “Carta a una señorita en París “, “Estación de las manos”, “Lejana”, “Las babas del diablo”; “Después del almuerzo “, etcétera…

En la narrativa cuadricular, por su parte, se empieza de la misma realidad y se pasa a lo fantástico (dos líneas), esa irrealidad pasa a la otra más compleja (una línea), y, finalmente; se pasa a la realidad de donde se partió (otra línea). Ejemplos muy claros de estas estructuras narrativas, serían los siguientes cuentos: “Las manos que crecen”, “Retorno de la noche”, “Bestiario”, “El perseguidor”, “Continuidad de los parques”; “El ídolo de las Cíclacas”, “Una flor amarilla”; “La noche boca arriba”, “Final del juego”, etcétera…

Seguimos con el artículo… Vamos avanzando, que se nos hace tarde… Sólo bromeaba, lector, porque ya esta edición ha caducado…


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