Catecismo para adultos: ¡Ó, para perros!

Tiempo de Lectura: 5 Minutos

(«Hasta los perros comen de las migajas de los ricos»)

Por: Enmanuel Peralta


En la vida o en la catequesis para perros uno aprende mucho. He conocido mucha gente que cree en Dios y les da tres pitos la religión, y muchas otras que no creen en nada, y, también le da tres pitos, sin embargo la tratan algo más seriamente. Y ambos tipos, tienen algo en común: todos recibieron catequesis para niños, o fueron a la escuelita dominical protestante.

Para mí, como gusano, creer no debe ser ley de Estado, sino, más bien, una obligación de conciencia. También NO creer en Dios, debe ser una obligación de conciencia. Cada cual decide el tipo de martirio que desee, creyentes o no creyentes; las sentencias del Génesis «comerás pan con el sudor de tu frente» y «al polvo volverás» no son mera religión, es una verdad absoluta, que el Génesis carqueó de la experiencia de vida, como los que hemos recibido catequesis para perros.

Cuando eras niño e ibas a catequesis o a la escuelita dominical, aprendiste los cuentitos de María y José, José en Egipto, Salomón, el Arca de Noé, SODOMA Y GOMORRA, Moisés y la canción de Sansón:
«Y pum y pum y pum/
Sansón los destruyó/»

Ahora te topas con montones de gente que gracias a esas catequesis o a la escuela dominical, creen en Dios pero ya no más en la religión. Ni en cura ni Obispos ni pastores.

De ahí resulta que se puede decir que hay una apostasía, y no cualquiera. La mayoría de esos creyentes son deísta. El deísmo es una especie de herejía, en la cual se cree en un Dios, principio de todo, eterno, único; una especie de energía existente pero que no tiene nada que ver con el mundo, ni con tus malditos problemas ni con mis gloriosos triunfos. Es decir el dios de Aristóteles. «Ese Dios no se mezcla con el mundo, no se junta con chusma». Esos deístas, se van tras la meditación trascendental cuando tienen estrés, o en busca del coaching en divinidad o cursos de comunicación con ángeles para lograr tus metas. Muchos le llaman herejes, yo les llamo ratones. RATONES, con gusto en el paladar.

Ser deísta; sin embargo, ¿Para qué diablos creer en un Dios que no tiene nada que ver conmigo? ¡Pa’ eso no creo en nada!
La palabra religión etimológicamente significa mezclarse, relacionarse, o religarse y es más certera esta última. Aunque yo no me mezclo con nadie, y desprecio toda mezcla, ligarse o religarse—incluso, desprecio ligarse a la chica pelonegro, checoslovaca, del Bar Nightmare, que no es tan difícil ligarsela—. Siento una obligación de conciencia, no solo de creer en Dios sino también de mezclarme(religión).

Mi religión es simple, y aprobada por todos los papas y toda la autoridad eclesiástica. Consiste, en vez de llevar mis virtudes morales, quejas y alaridos a la iglesia, y preguntar tanto como cuando estaba en catequesis de niño; llego a la misa como lo que soy: un perro.

Lo aprendí en catecismo para adultos, ó, para perros. Sin hacer tantas preguntas banales, como estos energúmenos, que por qué hay Obispos, que si el Cura no se casa, por qué el papa vive en Roma y no en Nueva Zelandia, etc… No los juzgo, yo también tengo mis preguntas banales: por qué los Obispos son panzones, y los diáconos le están siguiendo los pasos, por qué son cachetones y «usan faldas…» pero me reservo tales banalidades.

Prefiero ir los Domingos a ejercer mi religión, consiste en pocas cosas: ir a la misa con cara de perro, aunque soy un gusano, sentarme lleno de odio y rencores, reconociendo a toda esa comunidad de indignos y locos que adoran a Dios. Solo trato de humillar mi alma y mi entendimiento, e intentar y lograr entender por qué soy mas perro que todos, más malvado que todos, más pecador que todos. Lo soy. Sin empañetes. Gusano al fin.
Al final del padre decir misa, después de implorar(o exigir) a Dios que me conceda todas las riquezas de este mundo y del otro, y que las necesito ya. Entonces oigo una voz ritual:
—»No es lícito quitarle la comida a los hijos y dársela a los perros»
Y yo respondo:
—»Ten piedad de mí señor, que aún los perros comen de las migajas que caen de las mesas de los ricos».
Y me voy sin decir adiós. A veces me despido de dos o tres pecadores. Esa es toda mi religión. Lo aprendí en la catequesis para perros. No soy digno de nada, no tengo que andar cuestionando cómo se viste el otro o si el cura vive solo y acompañado. Yo voy a intentar ligarse con Dios, no con el otro, ni con la monjita. Ni con la hermosa jóven de Charlotte devota del sagrado corazón de Jesús que se sienta en primera fila con su rosario en las manos. Para eso voy a Nightmare a ligar con la checoslovaca.
—¿Y las riquezas que pides a tu Dios nunca te llegan?
—El perro come lo que le echen. Es mi religión. Vive tú la tuya. —Pero Enmanuel ¿eres feliz en esa religión a ciegas que dices?
—¡Qué te importa! Yo voy a ligar, no a ver. El perro cuando liga no mira la cara de la ligadura, más bien le da la espalda. ¡No sea que se arrepienta!
—Si, pero el gran placer está en mirar cara a cara con los ojos, en éxtasis.
—Moisés quiso ver el rostro, y solo le mostraron la espalda. ¿Y quién soy yo? Con mirar los pies es suficiente. Aunque tampoco los he visto.

—¿Enmanuel, y cómo puedes creer sin ver la divinidad de tu religión?
—¡Qué te importa! Aprendí del perro te dije, que goza sin verla. El que ve a Dios muere, y el perro, cuando se liga, sí mira a la perra se desliga. Además dicen los que saben de la calle, que a la medianoche de la vida, cuando regresas a casa después de varios tragos en Nightmare es mejor irse ligado con la checoslovaca que sin ligar, aunque al otro día se den la espalda.
—Eres raro Enmanuel.
—Se llama catequesis para perros. Maldito deísta. ¡Hereje! ¡Irreligioso! carente de la virtud de la religión.
—Y dónde sacas todas esas teorías de mierda Enmanuel?
—Tonto lee la Mujer Cananita Mateo 15, 21—28. La catequesis para perros no es un invento mío. Ratón.
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