Análisis: El ahijado de la Muerte de los hermanos Grimm

Tiempo de Lectura: 12 Minutos

Por: Lucero Álvarez Bidó


En el transcurso de la historia y de la literatura estamos acostumbrados a ver la muerte como un recurso o como un fin. Como recurso la muerte adquiere diferentes significados: puede ser el castigo que recibe el villano por sus inefables fechorías, la forma de conmover al lector al presentar un personaje donde toda su vida va de desdichas en desdichas y que en vez de ser recompensado en vida de sus penurias solo recibe el trágico final de la muerte como pasa en la historia de Almacén de antigüedades de Charles Dickens. Otras veces el autor busca recordarnos como la muerte de un personaje independientemente de que sea el protagonista de la obra no lo exime del final que todos como seres vivos estamos destinados a tener. Así sucesivamente cada autor le da el significado que crea más conveniente o con el que se sienta más identificado.

La muerte como fin también dependerá de lo que el autor quiera mostrar.  Para Shakespeare la máxima expresión del amor es la muerte trágica de sus personajes. Algo que se puede percibir en obras como Otelo y Romeo y Julieta. La muerte en este caso es un fin pues el destino de la pareja culmina aquí luego de llegar al punto de pasión y entrega más alto posible.

Sin embargo, en el cuento de los hermanos Grimm El ahijado de la Muerte, es diferente debido a que aquí la Muerte no es ni un recurso ni un fin, es un personaje como tal, y no cualquier personaje debido a que este es un personaje principal: posee diálogos, interviene en la obra e interactúa con los demás personajes, tiene forma física por lo que no es solo un suceso, sino, algo que podemos ver y con lo que los personajes pueden interactuar. Pocas veces podemos ver esta faceta de la muerte y es por eso por lo que cuando se habla de ella su nombre se escribe en mayúscula y no en minúscula.

A pesar de ser un cuento considerablemente corto es mucho lo que se puede sacar y analizar de este:

En primera instancia tenemos la figura del padre representando la pobreza y todo lo que conlleva. Bajo el ala de la pobreza acontecimientos que se considerarían de felicidad quedan mancillados por la incertidumbre, como lo es el nacimiento de un nuevo hijo cuando apenas hay para comer para los otros diez. Pero también vemos otro aspecto más “positivo” y es que ante una gran dificultad desprovisto del favor de la suerte nace el ingenio, por lo que se le ocurre una idea que el cuento describe como “soberbia” para afrontar la situación y es la de buscarle unos buenos padrinos que se encarguen de cuidar y mantener a su hijo. El padre figura como un juez que evalúa desde su condición quién es el mejor candidato. Es una tarea que asume con mucha seriedad.

Luego tenemos a Jesucristo y aquí es donde se produce el primer choque de ideas. La figura de Jesucristo en relación con la religión y la historia es la de ser una figura que brinda consuelo y sosiego a los pobres; hacía milagros a los pobres, les brindaba el perdón y confort y la promesa de una vida mejor. Dentro de sus adeptos se le considera un ser puro dueño del amor y la verdad por lo tanto es incuestionable. Sin embargo, el padre le cuestiona y le dice que no está de acuerdo en su forma de repartir los bienes, debido a que a algunos les da mucho y a otros poco. Por tanto, no le consideraba justo puesto que a lo mejor trataba así a su hijo. La figura de Jesucristo sigue siendo en el cuento la de alguien guiado por la misericordia por lo que en vez de condenar al padre por una cuestión que el mismo califica de blasfemia decide ver lo que hay dentro de su corazón debido a que “Dios tiene el poder de introducirse hasta los más íntimo del pensamiento humano”. Al hacerlo no se enfada, sino, que le perdona y lo disculpa porque entiende que este habla desde la pobreza material en la que vive y por lo tanto la pobreza lo ciega ante la posibilidad de una vida mejor en otro mundo (el paraíso de Dios).

El siguiente candidato que se presenta ante el padre es Satanás y aquí es donde tenemos el segundo choque de ideas. Con Jesucristo vemos que el padre busca una fortuna terrenal para su hijo por tanto Satanás se presenta ante el como un vendedor, haciendo promesas y promesas de todo lo que le dará a su hijo: dinero y todo el placer que se encuentre en la tierra. Pero el padre dice claramente que no (y este es un no muy determinante) no tiene duda alguna de que le dará todo y más pero no quiere que su hijo tenga nada que ver con él porque, así como un vendedor ofrece un producto (dinero y placer en este caso) también exige a cambio un pago y en este caso sería la pérdida eterna del alma de su hijo.

Aquí vemos que el padre posee un pensamiento crítico a la hora de escoger un padrino, ya que, aun viviendo en la máxima pobreza es capaz de evaluar los pros y los contras de una oferta. Satanás le ofrece todo lo que él nunca tuvo y desea para su decendencia, pero considera que comparado con el precio aceptar no vale la pena. Es capaz de discernir que será de su hijo más allá de su vida y piensa en el concepto de eternidad. Entendiendo que los placeres de la vida son muy efímeros en contraposición de lo que significa la eternidad que le deparara a su alma una vez su vida culmine.

Tenemos ante nosotros entonces la figura de un hombre que no toma decisiones al azar y que tiene muy claro lo que quiere y cuánto está dispuesto a pagar.

Viene ante nosotros el tercer choque de ideas y es la aparición y oferta de la Muerte ante la cual el padre contesta lo siguiente “Te acepto. Creo que tú eres lo más justo que conozco: no distingues pobres ni ricos. A todos tratas igual”. Ante lo cual la Muerte responde complacientemente al padre diciéndole lo siguiente “(…) cuantos están bajo mi protección se vuelven ricos y celebres”.

Aquí me gustaría profundizar sobre tres palabras asociadas a la muerte: “justo”, “ricos” e “igual”.

En el cuento el padre claramente describe a la muerte como lo más justo que conoce, dándonos a entender si recordamos su interacción con Jesucristo y Satanás que está más allá del bien y el mal lo que dota a la muerte de objetividad en su proceder.

Si nos enfocamos en la relación de la muerte y la justicia en la mitología griega al dios de la muerte se le conoce como Hades el cual es amo y señor del inframundo. Este cumplía una función de juez considerando que decidía los castigos o recompensas que recibían los muertos una vez llegaban a sus dominios (el paraíso y el infierno coexistían en el inframundo debido a que el cielo era lugar de los dioses). Los dioses griegos poseen defectos muy humanos; sienten envidia, miedo, cometen adulterio y roban para su beneficio por lo que abusan de su poder. De Hades hasta donde se sabe mayormente, en cuanto a su figura como juez, es muy escrupuloso y no se permite tomar esta posición como un juego. El juzga en base a la vida que tuvo cada alma y les proporciona una eternidad de dolor o dicha en base a esta por lo que no existen muchos mitos de Hades abusando de este poder a diferencia de otros dioses griegos.

Con la palabra “ricos” viene ante nosotros una sensación de confusión porque no estamos acostumbrados a asociar la muerte con la riqueza más que en un aspecto: ser rico no te exime de morir puesto que ante ella la riqueza o pobreza es irrelevante, sin embargo, para los griegos es distinto. Volviendo con el dios Hades este no solo era el dios de los muertos sino también el dios de la riqueza dado que el oro, la plata y otros metales preciosos considerados como símbolo de riqueza y fortuna material se encuentran debajo de la tierra por lo que están bajo el poder de Hades y es por esta razón que también se le considera el dios de la riqueza. Este dato hace que resulte muy curioso que en el cuento la Muerte le dice al padre que todos los que están bajo su protección se vuelven ricos y celebres.

Con la palabra “igual” tomemos en cuenta que todos los seres vivos mueren. Es cierto que los más privilegiados podrán tener mayor acceso a la salud o una muerte más digna. Sin embargo, el destino es el mismo. Mueren. Los seres humanos no pueden comprar la eternidad (al menos no en el plano terrenal) ni pueden evadirla. El trato independientemente de las condiciones de cada uno sigue siendo el mismo.

Retomando al cuento, una vez hecho el acuerdo el domingo se procede al bautizo. Pasan los años y la muerte cumple su rol de madrina muy cariñosamente. Le da a su ahijado una planta capaz de curar cualquier enfermedad, pero claro, un regalo tan increíble no puede ser dado con tanta libertad por lo que viene con la condición: no puede curar a nadie si la ve a ella al pie de la cama del enfermo. Mientras cumpla estas condiciones le asegura que será rico y reconocido por todos.

Pasan los años y tal como auguro su madrina su ahijado es el más prominente de todos los médicos. Toda su familia salió de la miseria. Su fortuna no podía ser igualada ni siquiera por los reyes más prominentes.

Todo iba bien, pero una vida tan prospera y privilegiada difícilmente transcurra sin ningún inconveniente que genere como mínimo una perturbación en el orden natural de las cosas. El rey enfermó y nadie podía sanarlo. Como era de esperar se llevó al médico milagroso ante el rey. Éste al entrar, vio a su madrina. Tuvo ante él el debate moral de cumplir la promesa hecha a su madrina o perder su honor como médico milagroso que lo cura todo. Por lo que rápidamente toma la decisión que toman todos los niños mimados por sus padres cuando una promesa hecha a estos interviene con su estado de placer y comodidad. Desobedeció esperando el perdón.

Su fama asciende aún más allá de lo que cualquiera puede esperar. Pero al llegar a casa encuentra a su madrina muy enojada. Afortunadamente paso lo que todo niño mimado espera que pase cuando desobedece. Es perdonado con una firme advertencia de que no lo vuelva hacer.

Todo pudo concluir aquí sin mayores percances. Pero la vida de las personas prominentes difícilmente se ve librada de situaciones complicadas. La que enferma esta vez es la hija del rey. Naturalmente el ahijado es llamado a curarla y antes de entrar a la habitación la recompensa que se le brinda es casarse con la princesa, la cual al ser hija única, al morir su padre él se convertiría en rey. Hay que reconocer que la oferta es tentadora, pero a ningún tesoro se llega sin sortear obstáculos. Cuando entra lo primero que ve es a su madrina viéndolo severamente. Por un lado, tiene a una princesa sumamente hermosa con la que al casarse será rey y por otro una madrina enojada que ya lo perdonó una vez.

Con aquellos individuos de carácter fácil acostumbrados a obtener todo lo que desean sin esfuerzos y sin penurias les he difícil ponerse límites a ellos mismos. Si a esto le agregamos que sus faltas no son castigadas entenderán que no importa lo que hagan siempre será perdonados. Así que esta vez el médico milagroso ni siquiera vacila y salva a la princesa.

Aquí debemos tomar una pausa para analizar la diferencia notable entre padre e hijo. La vida fácil puede llegar a crear caracteres fáciles, moldeables, sin disciplina propicios al individualismo. Estas personas que se les ha dado todo entiende que todo se le debe dar sin una retribución. Sus faltas son insignificantes. No conocen el dolor por lo que la amenaza de un castigo difícilmente los persuada. No se le puede temer, en este caso, a lo que no se conoce. ¿Cómo se puede rehuir al castigo si nunca se ha sentido? ¿Cómo evitar una desgracia si solo se conoce el placer? El hijo no paso penurias, la vida (en este caso la Muerte) le dio todo para vivir bien. Cabe aclarar que otra forma de aprender es con la experiencia de otros, con lo que llamamos aprendizaje vicario. Si vemos que alguien comete una falta y es castigado podemos llegar a entender que nosotros también podemos ser castigados. Pero el hijo sacó de la pobreza a todos sus parientes incluso a los lejanos. Vivía en un palacio rodeado y alabado por todos. ¿Cómo alguien así puede aprender con su experiencia o la de otros si toda su vida es placer y recompensas?

Otro punto en cuestión es, ya él era más rico que todos los reyes. Era famoso. Era alabado. Pero alguien que no fue nunca reprendido ¿soportaría fallar una vez? Aparentemente no. El que tiene siempre quiere más. Y esta vez no hablamos de dinero, sino, de poder. El poder es seductor. Los que lo rechazan son percibidos como personas moralmente por encima de lo común o como tontos. No importa cuantos palacios tuviera. No importa cuantas veces lo alabaran. Un rey esta por encima de todo su pueblo y alguien acostumbrado a subir y subir de escala social rápidamente, no verá ningún inconveniente en aprovechar la oportunidad que se le presenta. Ricos habrá muchos. Rey es solo uno.

Definitivamente es muy diferente a su padre. Su padre se enfrentó a situaciones más allá de lo material. Se enfreno a dioses y demonios ambos muy por encima de cualquier rey que exista. Su padre analizaba, juzgaba, veía que tan conveniente era algo. Entendía que para tener demasiado tendría que entregar demasiado. Por esto no duda en rechazar a Satanás. Su propuesta no le era conveniente porque no valía la pena una vez analizada la situación. Pero hablamos de un hombre que si conoce el dolor y el hambre. Por lo que también rechaza a Jesucristo. Este está para repartir bienes espirituales no materiales, incluso te invita a renunciar a estos. Este acostumbrado a no tenerlos, pero deseándolos le dice que no. La vida difícil a veces nos obliga a volvernos más cautos y evaluar nuestras opciones. Nos hace reflexionar. Quizás por esto la mayoría de las personas prominentes tuvieron vidas muy crueles o dramáticamente desastrosas. Ejemplos sobran. Los que se ponen por encima de esto alcanza la luz de estar y ser recordados por encima de los demás. Los que no, no pasaran mucho tiempo para ser sepultados en la desgracia

Siguiendo los acontecimientos una vez salvada la princesa y el médico en su habitación, la Muerte lo agarra del brazo sin mediar palabra. Aparece en una cueva rodeado de velas que representan la vida de las personas. Mientras más gastada estuviera la vela más cerca estaría la persona de su muerte. El ahijado pregunta cuál es la suya y la Muerte le señala una casi gastada. Este queda horrorizado. Llora y pide perdón desesperadamente. La Muerte le recuerda que ya pidió perdón una vez y no sirvió de nada. Trata de persuadirla y le dice que incluso le devuelve la planta milagrosa pero una vez cometida la falta no se puede retroceder.

Pasa lo que tenia que pasar y este muere por su propia avaricia que algunos consideraran de innecesaria. Este tenía la protección de la Muerte misma, un ser superior a los humanos. Aun desobedeciendo al rey su vida seguiría siendo maravillosa.

La muerte en este cuento es un personaje muy interesante. Todo lo que pasa transcurre alrededor de ella. La perspectiva con la que la vemos es poco frecuente. Que ella sea madrina y no padrino parece algo a considerar. Se percibe ese cuidado tierno que suelen tener las buenas madres junto al deseo de que su hijo no pasen penurias. Le concede el perdón como suelen perdonar las madres. Pero las buenas madres también castigan a sus hijos. Recordemos que, de todos los dioses, la muerte, suele ser el más estricto de todos. Demostró el cariño maternal que las madres pueden mostrar, pero ante la necedad vislumbro el castigo rotundo que suelen dar las entidades que están más allá del entendimiento humano.


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