Relato: La llegada

Por: Gerson Adrián Cordero


«Cuando quiero escribir algo es porque siento que eso merece ser contado. Más aún, cuando escribo un cuento es porque a mí me gustaría leerlo».

Gabriel García Márquez/ 7 voces, junio de 1971

Caminas por la calle asustada y confundida. Piensas que lo más prudente es esconderte, aunque no sabes donde. No ves a nadie, todo está oscuro y silencioso. Ignoras la distancia recorrida. Un gato que pasa rápido por tu lado, te asusta. Miras hacia atrás y te das cuenta que te está observando; los ojos le brillan, son grandes, redondos, vivos. Te paras y lo ves por un momento, luego avanzas de bajo de una noche fría, gris, silente.

“Lo mejor será llamar a mi hermana”, dices: “pero ella dirá que todo es producto de mi imaginación, que nada ha pasado, que estoy loca”, concluyes dudosa. Luego sigues caminando. 

Encuentras extraño que una calle tan poblada de edificios esté tan solitaria, te detienes y tratas de escuchar para ver si distingues algún ruido cercano o la distancia, pero no escuchas nada, un silencio prolongado es dueño de la noche. Miras hacia delante y sientes miedo seguir caminando sin un rumbo fijo, analizas que lo más prudente es regresar al hotel y hacerte responsable de lo sucedido. Pero las dudas te ahogan; en el hotel, cuando diste tu versión de los hechos, no te creyeron, todos dijeron que estabas loca y te acusaron de lo sucedido. 

“Si regreso me culparan, no me van a creer, iré a la cárcel”, analizas. 

Así que te sientas en la acera y empiezas a llorar pausadamente, te limpias los ojos y piensas en el momento de tu llegada al hotel. 

Llegaste a la seis de la tarde, pediste una habitación, te entregaron la llave de la habitación número diez. Te gustó bastante, el empapelado te agradó, también el resto de la decoración interior. Llegaste justo a tiempo para ducharte y ponerte cómoda, así esperarías a Jorge acostada y relajada.  Sería una sorpresa para él. Porque él ignoraba que estabas en París. Dijiste al gerente que cuando Jorge llegara lo condujera justamente a la habitación que te habían dado. Estabas emocionada, cinco años de noviazgo era más que suficiente para proponerle matrimonio. Si él no lo proponía, pues tú lo harías, porque estabas segura que no te rechazaría…  

Al día siguiente Jorge tenía una exposición de sus pinturas en la ciudad. Sabías con detalles que el hotel donde ahora estabas era el lugar donde él se hospedaba cada vez que iba a París, en varias ocasiones te lo habían comentado. Así que…, se te ocurrió adelantarte, para que cuando él llegara a la habitación del hotel sería una sorpresa encontrarte ahí. Ya hospedada pediste no ser molestada, ordenaste una exquisita champaña y te fuiste a duchar. Jorge tenía previsto llegar en media hora.

Al salir de la ducha, casi te caes muerta al ver a Jorge desangrado encima de la cama. No encontraste que hacer, lo tocaste y pensaste que todo era irreal, una pesadilla. Cuando recuperaste un poco la cordura y viste que de verdad estaba muerto, llamaste al gerente. La habitación se llenó de huéspedes curiosos. Todos te veían y te acusaban de asesina. Diste tu versión de los hechos, pero dijeron que era la única sospechosa, que nadie más estaba en la habitación y el gerente aseguró que Jorge subió solo, así que, no había nadie más a quien culpar y más por el hecho de que la habitación estaba cerrada por dentro, según tu propia explicación. Cansada de tratar de demostrar tu inocencia te llenaste de pánico y saliste corriendo en pijama. Algunos te siguieron para impedir tu huida, pero encontraste la forma de alejarte y dejarlos atrás.

Ahora, confundida y delirando en la calle, tomaste la decisión de regresar al hotel y ponerte en las manos de la justicia. Al entrar, lo primero que puedes ver es al gerente hablando por el teléfono. Todo se ve calmado, te quedas inmóvil, sorprendida. Hay más personas que te miran y se sorprenden por tu actitud tan extraña, inquieta. El gerente cuelga el teléfono y se dirige hacia ti con una sonrisa de bienvenida. Te pregunta qué si estás bien. Qué si puede ayudarte en algo. Lo miras, te sientes muy confundida. Luego le preguntas que dónde está Jorge, que a dónde llevaron su cuerpo. Las personas presentes empiezan a murmurar, no comprenden tus preguntas. El gerente se ve confundido y asombrado. 

“¿Quién es Jorge?”, pregunta el gerente.

Tú le explicas, y le dices lo que sucedió en la habitación número diez. El gerente dice que todo es producto de tu imaginación, que nada a ocurrido, te invita a sentarte y a relajarte, a pensar bien las cosas. Le aclara que lo que le dijiste es verdad y que cómo es posible que nadie se acuerde de lo sucedido. Le exiges ver a Jorge. Empiezas a reclamar con un tono muy elevado. Justamente cuando decides subir a la habitación número diez a buscar respuestas, Jorge hace aparición con una maleta en la mano derecha. Te pones pálida al momento que te desmayas, mientras todos corren hacia ti.

Jorge, que en realidad no es Jorge, sino Michel, porque todo es producto de tu imaginación, te sujeta de las manos al momento que le pregunta al gerente que quién eres y que por qué te desmayaste.  Todos te miran, pero no tienen respuestas. Tú, en tu desmayo prematuro, cuando vas recuperando la conciencia, recuerdas al verdadero Jorge. Lo ves llegar a la habitación del hotel, no en se mismo hotel donde estás…, sino en otro menos elegante. Jorge entra y te encuentra acostada, su reacción no fue la que esperabas, más bien te reprocha el no haberle dicho que estaría en la ciudad. Te enojas y empiezas a discutir. 

Desilusionada le dices cual era el objetivo de tu visita, a él no le parece una buena idea lo que le dijiste, le recuerdas que son cinco años de noviazgo y que ya es hora de estar juntos. Él pide más tiempo y te deja claro que si no estás dispuesta a esperar una prolongada espera es mejor que se den un tiempo para pensar bien las cosas. Te enojas bastante, él te ignora. En medio de una acalorada discusión, te confiesa que tiene a alguien más. Que no está seguro si un día ustedes podrán estar juntos.  Que ya nada es igual que antes…

Te le vas encima, él te domina y te arroja al piso, te paras repleta de ira, ves un cuchillo en la cocina, lo sujeta y se lo entierra en la nuca, él cae boca abajo en la cama. El ruido en la habitación hace que los demás huéspedes y el gerente se dirijan a ver que ocurre; cuando entran se encuentra con la tragedia, tú estás delirando en una esquina, luego te paras y sales corriendo. 

Tu mente nunca será la misma; eres apresada, condenada y llevada a un hospital psiquiátrico. En algunos años encontrarías la forma de escaparte y estarías desmayada frente a un grupo de personas que no te conocen y al lado de un hombre que crees que es Jorge, pero que no lo es.

Fin


Del libro (Laura/cuentos)