El fin del Cuarto poder: La antología de lo que será el periodismo

Por: Enmanuel Peralta


Es totalmente sabido que el famoso y fanfarrón “cuarto poder” está en su peor momento, en debacle ética, moral, intelectual e incluso económica. Ni siquiera la gran maniobra de prestarse para la manipulación le funciona tanto como décadas atrás manteniendo ciertas condiciones de libertad en sus talleres de redacción. La manipulación y el soborno de partidos e ideologías, ya está tomando otro giro, y que, a la vez, ha sido su fuente más grande de ingreso, después de las ventas de publicidad.

La prensa actual ha perdido su sustancia. Ha perdido credibilidad, y su única misión actualmente, aparte de ser panfletos ridículos de partidos e intereses corporativos, es la de intentar sobrevivir a fuerza de titulares morbosos.

Los llamados periódicos oficiales les falta tan solo que se dejen de formas, y que se conviertan en lo que realmente son, revistas panfleteras de partidos, comunicantes de estadísticas macro y microeconómica con criterios únicamente de los bancos centrales, y aliadas de las matemáticas turbulentas del banco mundial. Hace mucho, personalmente, que no veo aquellos grandes relatos, reportajes, información relevante sobre grandes casos sociales o de los sucesos de la vida cotidiana. Son noticias, que algunos periódicos, la reportan mediocremente, con no más de treinta a cincuenta palabras.

La investigación y la exposición de lo investigado fuera del sensacionalismo politiquero ya caduca, y es imposible de hallar. Tampoco minuciosos reportajes de situaciones internacionales a manos de corresponsales, que sean fuera del campo de la economía. Solo los casos de pleitos entre partidos políticos, candidatos, predicciones de campañas electorales, y gritando los chismes que publican los funcionarios en twitter y el morbo ideológico de un bando o del otro. El malo o el bueno, para nuestra amada prensa depende de quienes sean los accionistas de tal o cual medio.

El periodismo por el deterioro de la profesión y la forma en que se lleva a cabo, ya no vuelve a reivindicarse. Es decir, como industria de la información y compañías por acciones. Quedan sus últimos días. Él periodismo, como actividad social si permanece, pero algo más personal. O, por otra parte, como un conjunto de revistas o blogs especializados podrían permanecer a duras penas si modernizan su distribución. Y no más aparecerán, dentro de poco, como la industria que te brinda la “gran información del día” en la primera portada. Ya estamos cansados del “fulano dice, que…”.

¡Asqueante!

¿Y ahora qué es lo que se viene? ¿Una catástrofe de la información? ¿Una gran confusión? Esta última no viene, ya es latente. Ya hay muchos medios con alcance para informar. Cada individuo tiene un potencial para expresar su argumento. ¿Profesionalmente? No exactamente. Pero si existe el potencial de hacerlo profesionalmente. Al menos con rigor y exhaustividad, aunque sean autodidactas en la materia, si existe tal voluntad. Los reportajes no requieren realmente de una gran plataforma ni de una compañía por acciones para realizarse. Cualquier profesional que realmente le interese, lo haría, empezando por algunos de los tantos medios ya disponibles, generando confianza a sus lectores, y cada día formalizando más su propio medio y alcanzar a más lectores.

Precisamente, me río mientras escribo este artículo, de un análisis curioso que publicó el CNN de un catedrático llamado Peter Bergen, y ver cómo ese poderoso y bravo cuarto poder se desliga, cobardemente, de lo que allí hay contenido, de la siguiente manera: “Nota del editor: Peter Bergen es analista de seguridad nacional de CNN, vicepresidente de New América y profesor en la Universidad Estatal de Arizona. Bergen ha informado desde Afganistán desde 1993. Su libro es ‘El ascenso y la caída de Osama Bin Laden’. Las opiniones expresadas en esta columna son suyas.” El cuarto poder que informa “valientemente” se desliga de sus corresponsales.

Por mucho tiempo la prensa escrita ha mantenido la ilusión de la verdad. Es decir, ha proclamado malévolamente la mentira. Falta un poquito de tiempo más, y después de un breve periodo de confusión volverán los nuevos reporteros, los cuales iluminarán, desde sus propias voces, a sus lectores. Llegarán muchos, malos y buenos redactores de noticias, mentirosos, y otros profundos buscadores de la verdad que edifican sus reportajes con elegancia y premura de estilo. Habrá que soportar el trigo y la cizaña, estaremos viendo todo mezclado. Pero al menos, nos libraremos de la ilusión de “la verdad oficial”.