Un actor también tiene su propio escritorio

Por: Enmanuel Peralta


  El arte del actor es desconocido por muchos, aparte del “sex symbol” y el “marketing” bajo los ojos los cuales muchos son mirados. Pero desde su arte ¿tiene el actor algo que decir? Claro que sí. Además, alguien algún día tenía que decirlo: un actor también tiene su propio escritorio. Un actor no es un mero artista extravagante, alcohólico o mujeriego, bohemio, que se adora solo cuando esta entre la cumbre del éxito o se desprecia cuando está en la absoluta miseria. Para muchos, si no está en la cumbre, pues ha de ser el peor actor. Y si esta en la cumbre no es un artista, sino un millonario más. ¡Un capitalista! ¡Un negociante!

 ¿Con tan pocos ojos puede ver el arte de un actor?

  No es diferente, un actor, en esencia de un pintor o un cuentista. Ni es un arte que esté por debajo de las demás artes. Aquí sostenemos la tesis de la unidad de todas las artes, en esencia. Y, aunque la actuación, es un arte “subyugado” al arte primera del dramaturgo (narrador 1) y de las directrices del director del espectáculo (Narrador 2), el actor es también un narrador de la historia. Es la revivificación por excelencia de la historia contada. “El gran arte del actor es darles justo valor a las palabras”, decía el director Juan Carlos de los Santos(Quemacalle).

  El actor como “mero” instrumento de toda la obra. Esa palabra “mero”, para muchos es un insulto, pero la grandeza del actor está en ese servicio al arte. Ser un instrumento, al servicio de contar una historia. Y para realizar bien su arte, el actor necesita su propio escritorio. Su espacio de creatividad, de asimilar, de entrenamiento, en común y en solitario, y darle rienda suelta a la imaginación. Corregir, repetir, tomar notas, actualizarse, buscar en la librería, observar y contemplar la naturaleza, observarse a sí mismo, observar a los otros. No menos que un novelista, ni que un pintor para obtener referencia creativa.

  El arte del actor debe ser técnicamente preciso, pero también lleno de sensibilidad y creatividad propia. Pero como dice Sandford Maisner: “la técnica es solo un medio no un fin”. El actor más que sentir “reales” emociones, su trabajo es provocarla. Aunque de ello se valga también sentirla, o más bien fingirlas. Es todo un trabajo que debe ser pulido con detalle en cada entrega.

 El actor tiene el impulso vital de todo ente creativo: la necesidad de expresarse y de impresionarse ante la vida, y exponerla tal cual es. Desnudo. La poesía del ser humano en sí mismo, como es, ahí consiste el arte del actor. Crear ese retrato poético de la conducta humana. Reducirse a nada, para ser quien no es, poniéndose al servicio total y absoluto para revestirse de otro.

Un actor tiene sus propios libros

  Dicen los novelistas que para ser novelista hay que leer muchas historias. Pero el actor para ser actor no solo debe leer novelas, tiene que, aparte de leerla todas, saberla vivir. Memorizarlas. —¿Memorizarlas solamente? —Desgüesarla, sacar hasta las emociones más recónditas de las palabras, gestos, miradas, expresiones faciales, movimientos. Todo. Hasta crear la imagen más auténtica del personaje que le toca de la historia para hacer de ella, una verdadera vivificación, resurrección de las letras a la vida misma, en unos instantes de su existencia.

El actor es un poeta

  El actor ha logrado su trabajo cuando en el escenario se desenvuelve “natural y poético” como cuando está un hombre afeitándose sin público al lado de la bañera, decía Stanislavski. Y lo que es menos de ahí es mentira, valga la analogía al público no muy asociado a las artes escénicas—de paso, le invitamos al teatro—. Con esto no pretendemos decir que somos unos artistas “logrados” al menos quien escribe. Pero por decirlo así, este es en definitiva, nuestro gran trabajo, al menos, si no somos artistas mediocres, alcanzar lo más próximo, con esfuerzos, ensayos y técnicas, lo más parecido a la poesía de la actuación desde la perspectiva de Stanislaski. Hay muchas formas de ser poeta en mundo del arte, como un verso de Octavio Paz, como la voz Lissa Gerrard, una mirada de Maryl Streep, una imagen de Tarkovsky, una sentencia narrativa de Cervantes o Gabriel García Marquez, el actor tiene su propio arte, y esto conlleva a ser despreciado o amado por su público creando en su cuerpo y voz un vínculo comunicativo entre almas con cada individuo de la audiencia.

El actor tiene sus propios instrumentos

  Así como el Josha Bell y su violín, o el pincel de Van Gog, o el piano de Vivaldi, de la misma manera, el actor, su cuerpo y voz son sus instrumentos para crear lo que tal vez solo podemos leer en un pasaje bíblico o una obra clásica, lo que solo podemos imaginar de una novela como el Mago de Oz, que, un actor, desde su escritorio propio, es capaz de encarnar esa imaginación de los niños al el Hombre de Hojalata, el Espantapájaros o la dulce Dorothy.

  A ver gremio, fandom del buen arte, vamos a valorar el teatro. A buscar esas fuentes de donde bebía un Shakespeare o un Lope de Vega. El teatro tiene mucho que dar al mundo, tiene mucho que mejorar, pero también necesita sentir el calor endeudado por ese público, el cual, tras un año de pandemia, anhelan volver a ver.

  El teatro, junto con su público es una actividad social, artística, que eleva el alma y la sensibiliza para mejorar como civilización, seres humanos individuales y en comunidad. Recordando siempre: ¡que el actor también come!

¡Vive la experiencia!