Desde los ojos de Dostoievski: La miseria como discurso y realidad

 

1.La miseria como discurso y realidad ha sido estudiada de tantos ámbitos del saber que no se puede, fácilmente, conseguir una definición valorativa aceptable y satisfactoria desde ámbitos meramente académicos. Es un tema universal y de interés común que puede ser tratado desde cualquier punto de vista. En nuestro caso concreto, exploremos la miseria hispanoamericana usando los criterios de la Nueva Ola Crítica, expuestos en artículos anteriores, en relación con la obra de Fiodor DostoievskiMemorias del Subsuelo” publicada en 1854, desde entonces leída e interpretada por muchos. Nosotros, desde los criterios que abordamos,  analizaremos la obra como discurso plasmado de arte narrativa; tomando en cuenta  que a la misma vez forma parte de lo que llamamos “cultura universal” produciendo bajo su inspiración  adaptaciones al teatro, al cine, representaciones en artes plásticas, comentarios y ensayos críticos, tratados de psicología, filosofía, objeto de tesis doctoral en estudios de diversas y múltiples disciplinas. Se ha dicho tanto, que conservaremos la modestia de asumir que no sabemos demasiado sobre todo lo que se haya dicho o interpretado acerca de esta pieza del autor ruso universalmente conocido.

  Es una obra difícil, como la miseria misma lo es, para los que la hemos vivido en los tiempos más oscuros de la desesperación. Tal, también lo fue para Dostoievski, lo confesó en una carta enviada  el 20 de Marzo de 1864 a su hermano Mijail: «Es mucho más difícil escribir de lo que pensaba. Es necesario que este relato resulte bien. A Juzgar por el tono, resultará extremadamente raro, y este es brusco y salvaje; puede ser que no guste; por ello, hace falta que la poesía lo suavice todo y lo haga llevadero». Del mismo modo, que la miseria de la cual hablamos resultaría muy dura describirla en la realidad, trataremos de usar algo de poesía para suavizar. Aunque el que esté pasando por la miseria, de lo menos que desea que le hablen es de poesía. Pues, paradójicamente, si un miserable encontrara alguna poesía, ya es una forma de encontrar salida luminosa a su propia miseria. Pero la miseria dista del hecho poético. El mismo narrador de “Memorias del Subsuelo” lo dice de sí  en el cap. II «Cuanta más conciencia tomaba acerca del bien y de todo aquello que era “bello y sublime”, a tanta más profundidad descendía yo en mi cieno, y más capaz era de hundirse definitivamente en él. » 

  La obra literaria completa de Dostoievski tiene una “galería” de seres miserables muy conocidos por los lectores de sus novelas, que abre caminos posibles para el estudio de la miseria en relación con el comportamiento humano.

  Estos personajes son epítome de la obra de Dostoievski y lo podemos notar en variadisimas manifestaciones de historias y personajes, que son llevados a través del sentido de miseria dostoievskiano a conductas extremadamente depravadas, sadicas, e incluso, crímenes torpes, paradójicamente por ego(o amor propio para Dostoievski). También los hay, en la pluma del ruso, crímenes por ambición, ideologías, pasiones desordenadas, celos, contiendas, envidias y una enorme gama dramática de la deformación de la personalidad.  Personajes como Raskolnikov–en Crimen y Castigo–, pobre, orgulloso, sádico y asesino redimido por una prostituta; el príncipe Mizkin–en El Idiota– humilde, pobre pero rodeado de ambiciosos, engreidos y depravados de la calana más vil, terminando en una tragedia suicida junto a un amor no correspondido; Goliadkin– en El Doble–, un funcionario que echa por el suelo su dignidad, en busca de reconocimiento de un circulo social al que no pertenece; egoista, soberbio, mentiroso, propotente, pobre, hipocrita, farsante y rencoroso, termina  cayendo en la locura del desdoblamiento absoluto de la personalidad, convirtiendose en el odiado y el hazme reir de la sociedad, &c. No paramos aquí,  si seguimos estos personajes pueriles y viles que nos ha regalado el autor ruso.

  Observemos también la importancia de su contemporáneo Tolstoi, en su relato « La Muerte de Ivan Ilych», la decadencia de un funcionario que llevó a la ruina espiritual y material–a la miseria– de toda su familia. Solo lo menciono para comparar  como notas a pie, aunque los aspectos literarios e ideas de ambos suelen plantearse en líneas totalmente distintas; aun así, ambos rusos contemporáneos, católicos ortodoxos, se intercambian cartas,  conocían  las obras de cada uno,  se admiraban y se respetaban herméticamente, como se admiran las personalidades  artistas, con cierta discreción, y cierto celo impreso en sus expresiones.

  2. La miseria como un estado de vida, o  situación determinada de un individuo o más, provocada o no,  cuya escasez de todo, o parcialmente  carente de lo más necesario para la subsistencia, vista de esta manera, podría producir espanto para muchos. Sobre todo si son políticos en el poder, debido a que tienden a manejar esta información de forma hermética, con sigilo, como seguridad de estado. Sin embargo, para Dostoievski en “Memorias del Subsuelo”  la miseria es el epítome central, haciendo de su antihéroe reflejo de su propia miseria, y la del mundo que le rodea, dando a través del tiempo un manantial de interpretaciones a través del tiempo. Incluso, muchos alegan que esta obra es impulsora de lo que Freud bautizaría como psicoanálisis.

3. Miseria y pobreza. Yo me atrevo a proponer una definición metafísica y provisional de la miseria como parte de este escrito, pero que, a la misma vez, esta definición es superada irrefutablemente por la realidad de la miseria misma y la pobreza incrustada en la experiencia de la historia humana, unida sin remilgo a la experiencia individual: ¡La escasez de todo!

  Hace poco leí un artículo crítico  llamado «Tenemos que hablar de pobreza» publicado en un blog recientemente  por Jenny Torres abordando el tema de la definición de la pobreza. Y la premisa genera muchas cuestionantes que pretenden ser abordadas: ¿Qué es el pobre? ¿un dependiente de la caridad pública? ¿una persona de bajo recurso o ingreso? ¿Qué es ser un pobre en hispanoamérica?  Cito algo de la fuerza de este artículo: «La “comprensión” hegemónica de la pobreza ha quedado cada vez más reducida a la necesidad de cumplir con una “identificación” que ha ido poco a poco reduciendo la política social a la entrega “eficiente” de recursos bajo el manto de la asistencia. La identificación del pobre bajo línea de pobreza, medición oficial adoptada en R.D. desde el 2012, lo hace a partir de ignorar todos los elementos contextuales, creando una forma ficticia de concebir el bienestar con la idea de poder cumplir la promesa del capitalismo: el derrame hará su labor y todos y todas tendremos bienestar.» El artículo habla  de un informe publicado por el ministerio de Economía Planificación y Desarrollo de la R. Dominicana, revelando grandes lazos de incoherencia entre la realidad y los parámetros  y métodos de identificación de la pobreza. Y desde las perspectivas de nuestros escritos nos identificamos radical con este problema el cual trata  el artículo citado.  Las preguntas planteadas requieren de un pensamiento concreto sobre el problema de la pobreza y la miseria, más allá de la sociología de la pobreza, de los parámetros y los métodos de análisis economicistas. El problema fundamental es ¿qué es lo que la produce? y ¿qué comportamientos  produce individual y socialmente hablando ? La pobreza no solo produce dolor humano de la más alta sensibilidad, es decir factor de muerte, sino que,  también, modifica la conducta del ser humano, a veces tan negativa y abyecta que produce “Hombres del Subsuelo”. Los hombres del subsuelo se ha visto siempre relacionado con la pobreza económica, la escasez de bienes y servicio, y  la vida de bajeza del espíritu al cual el pobre esta constantemente tentado. Sin embargo, aquí, ampliaremos el término de miserable,  que constantemente se efectúa, sólo, sobre el hombre sufriente de la pobreza; con una mirada más amplia, en nuestros razonamientos, constatamos,  que no solo se produce en hispanoamérica, hombres miserables pobres, también producen hombres miserablemente ricos. Desde estas amplias miradas de la nueva Ola, la pobreza extrema en hispanoamérica observamos que, los que llamamos miserablemente ricos, también son abyectos y pueden ser clasificados en tres tipos, independientemente de los volúmenes de sus fortunas. Primero, tenemos el rico corporativo, un nuevo burgués que el francés Leon Bloy lo había detestado(podemos ver esta crítica en su obra Exégesis de los Lugares Comunes). Segundo,  un nuevo funcionario público, corrupto, ambicioso, bruto, soberbio, vicioso  tumba polvo, lambon, aliado y lacayo del rico corporativo y cínico. Escala en las empresas privadas o en el poder del Estados a través de clientelismos, robando, engañando, mintiendo, atropellando, traicionando y simulando. Tercero y  finalmente un nuevo rico emergente de conducta ilegítima, los narcotraficantes; mafias que se alimentan de una alianza con los personajes de la multitud de miserable en los barrios más olvidados y atrasados,  para formar   un grupo criminal de base que fungen de lugartenientes(sicarios).   Estos ricos, también miserables, suelen formar pactos y alianzas, creando así, y entre sí, lo que el teólogo de la liberación Gustavo Gutierrez llama “estructuras de pecados” o “corrupción institucionalizada”. Esto es  una cuestión, para el teólogo  mencionado que, implica “el hecho mayor”, es decir “la liberación”,  de sus artículos Evangelio y Praxis, citamos: «En este continente latinoamericano de despojo y de opresión estamos asistiendo a un proceso de liberación que cuestiona desde la raíz el orden actual: sus bases económicas, sus estructuras políticas y las diferentes formas de expresión de su conciencia social. Y no sólo esto: cuestiona también el modo como los cristianos viven y piensan su fe. Pero la radicalidad y fecundidad prometedoras de este último cuestionamiento se deben a que en forma creciente los cristianos se van comprometiendo con ese proceso de liberación.»

 Y por lo tanto, eso implicaba para Gutierrez, una reflexión teológica en conjunto con el compromiso. No se le puede pedir al pobre  miserable que sea bueno y que progrese, cuando no tiene libertad para serlo. Vive en algo más lejos que la pobreza, la MISERIA.

  En hispanoamérica, el problema relacionado con la miseria y la pobreza pasó a ser el verdadero  primer principio del pensar teológico(y filosófico) hispanoamericano: «La opción preferencial por los pobres». La conferencia episcopal latinoamericana y del caribe(CELAM) acogió eficientemente el principio, pero en la praxis pastoral una diplomacia  incongruente ha sabido invadirlo todo. En Europa y Estados Unidos este principio parece aún no entenderse. Personalmente hablando a  un gringo del clero Yankee,  le enseñaba  yo el artículo de Jenny Torres y el informe de lo que significa ser pobre en la R. Dominicana se quedó con la boca abierta al ver los salarios del pobre, o sea los que ganan alrededor de 5, 403.00 per cápita al mes. Pero no entendía aún lo importante de la teología de la liberación en la acción pastoral de la iglesia latinoamericana, hasta que sacó su celular, y abrió el app de la calculadora, y constató  lo que significaba              5,403.00 pesos  (alrededor de 100 dólares al mes). “Con ese pago al mes, un yankee”, me decía “se daría un tiro en la cabeza inmediatamente o se tiraría del Empire State”–. [Aunque este fenómeno del salario y la pobreza en Estados Unidos creo que necesita una mayor liberación que en hispanoamérica, pero este sería otro tema, otro artículo].

4. Volvamos al pobre y “las Memorias del Subsuelo”. Pero ¿De qué pobre habla Dostoievski? Ciertamente, Dostoievski en esta novela, como en toda, usa no solo recurso de mera semántica discursiva  de ningún pobre, sino que narra la historia de uno, es decir, que la idea de miseria  es inseparable del trabajo artístico de narrar esta historia. Para el escritor ruso,  además de contar la vida de un pobre, un enfermo, un ruin, es más que eso, es un MISERABLE. Un hombre que le escasea todo. Incluso, el alegado “amor propio” que menciona Dostoievski constantemente en esta novela, no es más que un soberbio desprecio del antihéroe hacia sí mismo. Si nos fijamos bien, a este hombre, al hombre del bajo mundo,  le escasean hasta los sesos.

¿Y qué tiene que ver esto con la realidad de nuestras amadas repúblicas hispanoamericanas?

   Si la novela no tuviese nada que ver con nuestras realidades no les traería este tema –ya que la nueva ola crítica, es concreta, en cuanto a contextos, y busca la transformación, no solo de las ideas, también de la conducta, por medio del entendimiento de ellas–. Pues el hombre del subsuelo, pobre y miserable, horrible combinación, no es solo un hombre ruso del siglo XIX. Es en definitiva, un fulano de tal, o sea un hombre universal, un hombre de hoy, abundante en nuestras repúblicas hispánicas. Y hombres universales los hay ricos, santos, nobles, dignos y venerables. Pero también, en colosales cantidades los hay pobres, miserables, abyectos, perturbados, egolatras, fanfarrones, odiosos y vengativos. Y lo peor de esta raza, es que a partir de la mitad del siglo pasado, parece que estos de raíces miserables, se están convirtiendo en los funcionarios públicos, ricos emergentes(narcotraficantes), o empleados privilegiados de los ricos corporativos;  cuando no, se convierten en nuestros artistas más populares.  Y en hispanoamérica, sobre todo, quizá, en nuestra República Dominicana, le ha tocado la mayor parte en la distribución universal de estos tipejos. 

  En la República dominicana el hombre pobre, objeto de nuestra«opción preferencial», esclavo del miserable abyecto,  rico-corporativo, del funcionario corrupto y del rico emergente(mafioso). En nuestros pobres  escasea de las tres cosas que carecía El Hombre del Subsuelo para poder librarse de las “estructuras de pecados”, la “corrupción institucionalizada” y de su propia miseria.

5. El hombre pobre hispanoamericano debe liberarse ante todo de las cadenas de su propia miseria.

Sentido de dignidad propia. Sentido piadoso hacia su propia naturaleza valorando su humanidad. Algo del cual El Hombre del Subsuelo carece. Prefiere hacer énfasis y vanagloriarse de su estado ruin, del cual también se mofa de forma abyecta: «Acabe por dejar de creer (aunque al final puede que me lo creyera) que ese fuera mi estado normal[…] Llegaba incluso  al extremo  a experimentar una satisfacción secreta, anormal y ruin», así hablaba consigo mismo Él Hombre del subsuelo.   Incapaz de ver esperanza en sí mismo.

  Del mismo modo, sin dignidad personal,   se adhiere, idolatra, a cualquier tipejo con característica de “líder” que le ofrece una recompensa, aunque sea superficial y efímera. Y lo defiende violentamente, para colmo, aunque lo haya estafado constantemente. 

Solución. Piedad para consigo mismo(asumir el sentido de dignidad propia). No solo tenemos miseria; dice él P. Leonardo Castellani en su libro Psicología Humana: “El hombre no es todo miseria, si no, sería imposible que vea su propia miseria”. Y el Hombre del Subsuelo de Dostoievski es capaz de ver su propia miseria. Tal vez con el “intelecto agente” o “pensándose a sí mismo”. No sabemos. El problema del miserable a veces es que no acepta, su propia dignidad, ni que posee la capacidad de superar su propia miseria. Quiere vivir de un lado equivocado, se siente agusto allí. A veces quiere aparentar ser digno y adorable, pero solo saca sus miserias’ por otro lado, contradictorio, quiere lucirse totalmente como miserable, charlatán y malvado, para que valoren su alta dignidad. ¡Una locura! A veces pienso que,  Dostoievski,  narra la historia de personajes muy conocidos.

  Hay que tener sentido de su propia dignidad para poder superar la miseria. “Pobre pero con dignidad” decían nuestros abuelos.

Reconocer la dignidad de la otra persona. Sentido de piedad para con el prójimo y sensibilidad en sus desastres. Me decía un amigo en un supermercado de la ciudad de Nueva York que, el peor enemigo de un hispano, es un hispano. Lamentablemente. Y no es posible que haya que agregar más.

Solución. Piedad para con el otro. Es necesario consagrarse al servicio del otro. La dignidad propia se refleja, se nutre, se evidencia en la consagración al servicio del otro. Dios como otro, Dios en el rostro del prójimo.

  La opción preferencial por los pobres. Cuestión que los místicos  han definido como “servir a Cristo en el otro”. Es lo que reflexiona y señala Gustavo Gutierrez: «La opción preferencial por los pobres». Y añado yo: Cuanto más pobres sean más preferencias deben de tener por los pobres. 

Dejarse invadir de la piedad del otro hacia uno mismo. Eso cura el alma y la limpia de la miseria.  El encuentro  de Liza, la prostituta, con el Hombre del Subsuelo abrazando todas sus miserias, amándolo, y él dejándose amar, aunque sea brevemente, cayendo boca abajo sobre el sofá; fue el clímax que lleva al hombre miserable a un despertar de su conciencia. Aunque sea por breves instantes. El orgullo no le permitió más, soportar que era valorado como ser humano, y por una prostituta; típico en Dostoievski, prostitutas redimiendo miserables y criminales, devolviéndole el sentido de dignidad. Esto quizás esté influenciado en Dostoievski por su vista del cuadro visto de Noli tangere-no me toques- del pintor  italiano Correggio  de 1525, el cual retrata  el pasaje evangelico cuando Maria Magdalena va a tocar a Jesús y este la rechaza diciéndole No me toques. Del mismo modo, rechaza con una ofensa, el Hombre del Subsuelo  a la prostituta Liza después que esta le abraza. Creyendo que esta cambiaría su mala vida de prostituta por haberla ofendido, como si le removerá la conciencia: “¡Si en realidad la ofensa es una purificación! ¡Es la conciencia más mordaz y dolorosa!”. El que lea  este trozo de la novela, que entienda.  Sublime.

 Falta de piedad hacia la patria. falta de sensibilidad por la historia de sus antepasados, los mayores, y lo auténtico de la vida social y comunitaria. Que no es un orgullo sonso por los símbolos nacionales y culturales, como mis compatriotas dominicanos, que piensan que levantar un plátano en las paradas dominicanas de Nueva York, constituye una expresión auténticamente patriótica.  Y así de otras naciones originales del más acá del río Bravo. Una auténtica valoración crítica por lo nuestro, depósito común de nuestra historia, sin caer en el nacionalismo rechoncho. Lo autóctono, respetando el curso natural de las influencias exteriores, purificando con la crítica y adaptando  con eficacia a nuestra realidad lo que generosamente de otras culturas nos puede ser provechoso. El hombre del Subsuelo,  enfermo de placeres que produce el inmediatismo, solo ve oscuridad en su pasado, si es que alguna vez puede mirarlo sin morir en el instante, además la oscuridad y las miserias del presente   le imposibilita ver la luz. Parece ser que predomina en el hombre miserable, la herencia de algún mal congénito, un oráculo maldito insertado en el alma, el cual se burla incluso de su miserable enfermedad  mental de forma abyecta « Todos se vanaglorian de su enfermedad, y yo, posiblemente más que nadie».

Falta de respeto a la autoridad y la dignidad de los rangos. Provocados por los mismos altos rangos, mayormente, que, por su ” alta dignidad” se creen los más dignos-el funcionario por ejemplo- tratando de basuras al resto refleja en sí mismo la distorsión y deformación del sentido de la auctoritas. Propio de funcionario que hemos clasificado como miserable. El respeto que exige respeto sin respetar, es un fracaso, y provoca el odio por estos personajes. Sería bueno que recordemos un símbolo nacional que ilustra perfectamente este punto: «la bofetada histórica, hecha meme a un AMET por manos de un ciudadano. [policía del tráfico en la R.D.]». Ilustra bastante este problema entre la dignidad del ciudadano(dignitatis civitas), y la dignidad de la autoridad(dignitas auctoritate o maestatis imperii). El propio hombre del subsuelo del que narra dostoievski, así como Goliadkin- en el Doble- son miserables que buscan constantemente enfrentamiento con los rangos más elevados, incluso violentan, premeditadamente y resentimiento a los rangos.

 Solución. La promoción del respeto al rango aunque este haya perdido la dignidad de la cual ha sido investido. Respetar los rangos, la vejez y el talento superior del otro. Queríamos derecho al voto, votamos por el rango. “No maldecirás a un príncipe de tu pueblo” para la cultura hebrea esto es una expresión proverbial de sabiduría y  no una mera ley, el cual podríamos dedicar un apartado para tratarlo. Cada individuo, puesto que es parte del conjunto social de una sociedad-estado esta reflejado en su príncipe(gobernante). Y más cuando tienes el poder del sufragio universal.

 Falta de piedad para con lo Sagrado de la sociedad. La adoración o la afección de lo sagrado del Hombre del Subsuelo de Dostoievski estaba dirigida hacia sí mismo, por ello, el hombre miserable, se ensoberbece miserablemente con un “amor propio” más de lo que le corresponde. Esto puede provocar una falta de vaciamiento de sí mismo, de sus limitaciones y posibilidades, provocando constantemente, un estallido de emociones alteradas por la impotencia; problemas mentales, desfiguraciones horrendas de sus emociones al   no ser reconocido socialmente como a un “Dios”, en el mejor de los casos,  busca DESESPERADA y RIDÍCULAMENTE ser tenido por un hombre digno del respeto y honor de sus semejantes. Eso es caer en la locura.  Puede incluso, en el miserable funcionario propiciar alabanzas, pagando adulaciones en la prensa, extorsionando premios, y otras podredumbres, es decir “Adorarse a sí mismos como locos”, decía el Padre Leonardo Castellani en su libro(EXCURSUS) Psicología Humana, sobre estos tipejos.

Solución. La promoción de la humildad serena y la largueza como virtudes.

6. Praxis de la búsqueda de una libertad auténtica.

   Hace falta una intensa piedad de nosotros hacia los miserables, ya que estamos concientes de su dignidad, aunque distorsionada por la miseria, y esta por la subyugación a la más alta y absoluta pobreza. Tomándonos  en cuenta a nosotros mismos,  porque todos, en el fondo,  somos miserables,  es algo que platón reiteró ” el hombre esta partidos en dos”. Todos tenemos ese aguijón paulino en la carne y cargar con el peso que requiere él superar la miseria, por tanto la pobreza. No habrá forma de enfrentar la pobreza mientras exista la miseria dostoievskiana en los hombres y mujeres de hispanoamérica. Una vez salido del “foso” de cieno de la miseria, podríamos seguir siendo pobres, pero con dignidad, por lo tanto, preparados para enfrentar la batalla desde cualquier campo en que no lo propongamos. Desde el arte algunos, desde el pulito otros, desde las organizaciones educativas, instituciones de caridad, creando empresas justas, diseñando políticas, movimientos de lucha y base. Sin necesidad de recurrir al resentimiento propio del miserable, hasta que el enemigo no nos fuerce a tomar las armas. Pero si algún día tomaremos las armas serán usadas con dignidad y justicia. Pero no hay mejor arma contra él poder que crea la pobreza y la miseria, que las armas de la dignidad del martirio.

  El pensar actualmente, debe de estar pensado en la dignidad, y en lo sagrado de esta frente a nuestras propias miserias. Dignitas: valor moral romano. Justa apreciación de sí mismo, de su rango social, de su trabajo y valor en la comunidad. Desde el punto de vista religioso, el escritor francés Leon Bloy, lanza una latigazo contra el cristiano que no entiende la dignidad humana, en su libro El Alma de Napoleón, diciendo: «Si no creyéramos en el misterio infinito de la dignidad del alma humana, aun  de los más infames y miserables, entonces eso es negar el dogma de la redención, de que Dios se hizo hombre y murió por los pecadores». De manera que es una contradicción para el hombre de Fe y de buena voluntad no ver la chispa de dignidad incluso en los desgraciados más infames. O, en un gusano, como yo.

  Con todo lo que hemos dicho, lo que Dostoievski narra, es, en suma, la historia de cómo las almas van desde la miseria a la dignidad, o viceversa, de la dignidad a la más alta miseria. Es decir: La historia de toda la humanidad en una pequeña obra: “Memorias  del Subsuelo”.


Escritos  consultados:

1. El Hombre del Subsuelo. Fiodor Dostoievski.

2. La nueva ola Crítica(criterios) artículos anteriores. 

3. Artículo: “Hablemos de la pobreza” de Jenny Torres

4. Dignitas, virtud romana. Epistulae morales ad Lucilium (Cartas de Séneca a Lucilio), conjunto de 124 cartas de temática moral dirigidas a Lucilio.

5. Gustavo Gutiérrez. Teología de la liberación.

6. Documento de Aparecida, Puebla, Medellín y Santo domingo (Celam)

7. Psicología Humana(excursus) de Leonardo Castellani s.j.

8.El Alma de Napoleon. Leon Bloy.


-Enmanuel Peralta